El
orfismo (de
Orfeo) es una
corriente religiosa de la antigua
Grecia, relacionada con
Orfeo, maestro de los
encantamientos. Al poseer elementos propios de los
cultos mistéricos, se le suele denominar también como
misterios órficos.
El movimiento órfico supone un enfrentamiento a las tradiciones religiosas de la
ciudad griega y, en definitiva, una nueva concepción del
ser humano y su
destino. Bajo el nombre del mítico
Orfeo, cantor y trágico viajero del
Más Allá, surgen una serie de textos que predican y atestiguan esa nueva
religiosidad, una
doctrina de
salvación sobre el
hombre, su
alma, y su
destino tras la
muerte.
El
orfismo se mueve exclusivamente en un plano
religioso. Es una
secta que cuestiona la
religión oficial de las ciudades peninsulares helénicas. En particular, a dos niveles: uno de
pensamiento teológico, otro de prácticas y comportamientos. El
orfismo es, fundamentalmente, una
religión de textos, con las
cosmogonías,
teogonías e interpretaciones que estas no dejan de producir. En lo esencial, toda esta literatura parece elaborada contra la
teología dominante de los griegos, es decir, la de
Hesíodo y su
Teogonía. Al ser el
orfismo una
literatura inseparable de un género de
vida, la ruptura con el
pensamiento oficial entraña diferencias no menos grandes en las prácticas y en los comportamientos. Aquel que opta por vivir a la manera órfica, el
bíos orphikós, se presenta, en primer lugar, como un
individuo y como un
marginado, es un
hombre errante, semejante a esos Orfeo-telestes que van de
ciudad en
ciudad, proponiendo a los particulares sus recetas de
salvación, paseándose por el mundo como los
demiurgos del pasado. Miembros de una
secta al margen de la
política, gente de
libros y
textos sagrados, y al mismo tiempo practicantes de sus
ritos mistéricos y de un peculiar
ascetismo (con preceptos estrictos como el no comer
carne ni derramar
sangre animal o vestir
telas de
lino), los órficos dejaron una larga huella en varios textos, pero también importantes ecos en muy diversos autores, especialmente en algunos filósofos.
El movimiento órfico supone un enfrentamiento a las tradiciones religiosas de la
ciudad griega y, en definitiva, una nueva concepción del
ser humano y su
destino. Bajo el nombre del mítico
Orfeo, cantor y trágico viajero del
Más Allá, surgen una serie de textos que predican y atestiguan esa nueva
religiosidad, una
doctrina de
salvación sobre el
hombre, su
alma, y su
destino tras la
muerte.

El
orfismo se mueve exclusivamente en un plano
religioso. Es una
secta que cuestiona la
religión oficial de las ciudades peninsulares helénicas. En particular, a dos niveles: uno de
pensamiento teológico, otro de prácticas y comportamientos. El
orfismo es, fundamentalmente, una
religión de textos, con las
cosmogonías,
teogonías e interpretaciones que estas no dejan de producir. En lo esencial, toda esta literatura parece elaborada contra la
teología dominante de los griegos, es decir, la de
Hesíodo y su
Teogonía. Al ser el
orfismo una
literatura inseparable de un género de
vida, la ruptura con el
pensamiento oficial entraña diferencias no menos grandes en las prácticas y en los comportamientos. Aquel que opta por vivir a la manera órfica, el
bíos orphikós, se presenta, en primer lugar, como un
individuo y como un
marginado, es un
hombre errante, semejante a esos Orfeo-telestes que van de
ciudad en
ciudad, proponiendo a los particulares sus recetas de
salvación, paseándose por el mundo como los
demiurgos del pasado. Miembros de una
secta al margen de la
política, gente de
libros y
textos sagrados, y al mismo tiempo practicantes de sus
ritos mistéricos y de un peculiar
ascetismo (con preceptos estrictos como el no comer
carne ni derramar
sangre animal o vestir
telas de
lino), los órficos dejaron una larga huella en varios textos, pero también importantes ecos en muy diversos autores, especialmente en algunos filósofos.